Cuestión de actitud

Lo que te estaba contando

AYER no sonó la alarma de mi móvil. Me desperté a las 8.45 y tuve que empezar el día corriendo: la cara lavada, los primeros vaqueros del montón y un vaso de leche express.

En el trabajo me asignaron una de esas tareas abstractas que pueden tenerte todo el día enfrente de la pantalla y aún así no avanzar casi nada. La lluvia golpeando los ventanales no ayudó a despertar mi inspiración.

Por fin llegó la hora de la comida. ¿Qué tal el fin de semana? Bien, ¿y tú? También.

En el camino de vuelta a casa el autobús estuvo parado unos 20 minutos por alguna razón que desconozco; cerré los ojos para no desesperar. Aunque llegué tarde y cansada, decidí salir a correr. Estaba empezando a oscurecer en el parque, así que di sólo un par de vueltas y volví.

Hora de cenar. Mi casera estaba acaparando toda la cocina, por…

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